Pan de algas

Pan de algas

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2 h y 45 m
Calorias: 260
Media

Pan de algas

Hoy os traemos un pan que encierra todas las virtudes de las algas marinas. Un pan lleno de minerales, vitaminas y compuestos antioxidantes como el ácido algínico.

Además de las maravillosas propiedades que aportan las algas a este pan, hemos usado para su elaboración un elevado porcentaje de harina integral lo que hace de este un pan con un elevado valor nutritivo.

Ingredientes para Pan de algas 2 unidades

  • Harina de trigo integral - 174 gramos
  • Harina de centeno integral - 87 gramos
  • Harina espelta integral (en caso de no encontrar, sustituir por harina de trigo integral) - 174 gramos
  • Harina de fuerza - 436 gramos
  • Agua - 654 gramos
  • Alga deshidratada wakame - 6 gramos
  • Alga deshidratada nori en copos - 6 gramos
  • Alga deshidratada espagueti de mar - 6 gramos
  • Sal - 13 gramos

Cómo hacer la receta de Pan de algas

  1. En primer lugar, debemos moler las algas en un molinillo de café para que no haya trozos demasiado grandes. Tras molerlas, las pondremos en remojo en 200 gramos de agua (agua que habrá que restar del total de la cantidad expresada en los ingredientes). Las dejaremos en remojo durante una hora.
  2. En un cuenco grande mezclamos las harinas. Añadimos el agua (454 gramos) y las algas que teníamos en remojo. Mezclamos bien hasta que todos los ingredientes queden humedecidos. Tapamos el cuenco con un trapo y dejamos reposar la
  3. Mezcla durante 30 minutos. Durante este reposo, llamado autolisis,  la harina se hidrata y el gluten empieza a desarrollarse, lo que hará que nos cueste menos el posterior amasado. Combinando amasados cotos y reposos la masa estará lista sin apenas esfuerzo.
  4. Tras la autolisis, volcamos la masa sobre una superficie ligeramente aceitada, la extendemos un poco, repartimos la sal por la superficie de la misma, nos aceitamos ligeramente las manos, y amasamos durante 2 minutos. Tras el amasado,  boleamos la masa (formamos una bola), la metemos en el cuenco, la tapamos con un trapo y la dejamos reposar durante 15 minutos.
  5. Repetimos el paso anterior, pero esta vez añadimos la levadura. Volvemos a dejar reposar durante 15 minutos.
  6. Volcamos de nuevo nuestra masa sobre la superficie de trabajo ligeramente aceitada, amasamos durante 1 minutos, boleamos, metemos en el cuenco, tapamos y dejamos reposar durante 15 minutos.
  7. Por último, volvemos a volcar la masa sobre la mesa de trabajo ligeramente aceitada y amasamos durante 1 minuto más. La masa resultante debe tener un aspecto elástico y una superficie brillante, de no ser así, repetimos un nuevo ciclo de amasado y reposo. Una vez que la masa esté lista, aceitamos un cuenco grande, formamos una bola con la masa y la metemos en el cuenco, tapamos el cuenco con un trapo humedecido o una bolsa de plástico y la dejamos reposar hasta que casi doble su volumen.
  8. Acabada la primera fermentación, volcamos la masa sobre la mesa de trabajo ligeramente enharinada y la dividimos en dos porciones de 750 gramos. Formamos una bola con cada una de ellas, las tapamos con un paño, y las dejamos reposar durante 15 minutos para que el gluten se relaje y nos sea más fácil llevar a cabo el posterior formado de los panes.
  9. Transcurridos los 15 minutos, formamos los panes. Para ello, cogemos una de las bolas y la aplanamos ligeramente en forma de disco. Doblamos la mitad superior del disco hacia el centro. Hacemos lo mismo con la mitad inferior. Doblamos los extremos también hacia el centro. Por último, volvemos a doblar la mitad superior pero esta vez la llevamos hasta solaparla con la mitad inferior del mismo modo que haríamos para cerrar una empanadilla. Sellamos bien la junta pellizcando suavemente. Repetimos el proceso con la otra bola de masa.
  10. Una vez que hemos formado nuestro panes, los ponemos a fermentar, para ello, podemos ponerlos directamente sobre la hoja de papel vegetal que meteremos al horno, o podemos colocarlos en el interior de un cesto de fermentación que tenga una forma ovalada. Necesitaremos un cesto para cada pan. Un recipiente de plástico nos puede hacer a la perfección el papel de cesto de fermentación. Ponemos un trapo en su interior, preferiblemente de algodón, con ayuda de un colador lo espolvoreamos con harina, y ponemos el pan encima con el cierre (lo que durante el horneado estará en contacto con la bandeja del horno) hacia arriba. Tapamos el pan con un trapo, ponemos encima del trapo una bolsa de plástico, y dejamos fermentar hasta que el pan aumente en dos tercios su tamaño inicial. Repetimos el proceso para el otro pan.
  11. Precalentamos el horno a 250º con una bandeja en su interior.
  12. Sobre una bandeja invertida, ponemos una lámina de papel vegetal y volcamos el pan encima. Si pusimos el pan a fermentar sobre papel vegetal, transferimos la hoja con el pan a la bandeja invertida, o a una madera que nos haga las veces de pala, Con la ayuda de un cuchillo afilado, hacemos un corte  a lo largo de la superficie del pan o dos cortes oblicuos, como prefiramos.
  13. Con la ayuda de la bandeja invertida,  o la madera, deslizamos el pan sobre la bandeja que hay dentro del horno. Antes de cerrar la puerta del horno, pulverizamos agua hacia las paredes del mismo con un pulverizador doméstico. Esto provocará un ambiente húmedo que será propicio para que el pan desarrolle un buen volumen.
  14. Bajamos el termostato a 230º y horneamos durante, aproximadamente, 45 minutos o hasta que el pan adquiera un color dorado. Hacia la mitad del horneado giramos el pan para que este se dore por igual.
  15.  Antes de cortar el pan, dejamos enfriar durante, al menos, tres horas.
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