Las carnes: diferencias y recomendaciones

Las carnes: diferencias y recomendaciones

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Las carnes: diferencias y recomendaciones

En diversos artículos, os hemos hablado de la importancia de reducir el consumo de determinadas carnes. Así, evitaremos que se disparen nuestros niveles de colesterol y ácido úrico. Si quieres saber por qué debemos mantener bajo control este ácido, te invitamos a que leas nuestro artículo; ácido úrico: definición y consejos par evitar su exceso. A pesar de que mucha gente cree que toda la carne es igual, la realidad es que hay enormes diferencias entre los distintos tipos de carne que podemos adquirir en el mercado. En el artículo de hoy, os hablamos de los distintos tipos de carne y sus principales diferencias.

La carne es una magnífica fuente de distintos nutrientes, entre los que cabe destacar, entre otros; las proteínas, el hierro, el zinc, el potasio, y el fósforo. Estos componentes aportan grandes beneficios a nuestro organismo, destacamos, entre una larga lista, los siguientes; mantienen en buen estado los músculos, el sistema nervioso, la visión, previenen la anemia y protegen la piel. Aunque todos estos nutrientes pueden ser obtenidos de otros alimentos, en la dieta de muchos países, como España, las carnes constituyen la principal fuente. Sin embargo, y aunque la carne roja es más rica en todos estos nutrientes, su consumo está menos recomendado que el de carnes blancas o magras.

Las carnes rojas tienen una mayor concentración de mioglobina, que es una proteína que contiene hierro, por ello el contenido de este elemento es mayor en carnes rojas que en las magras o blancas. Las carnes rojas engloban a aquellas obtenidas de animales como ternera, caballo, cordero o cerdo. Las blancas se obtienen de aves de corral, fundamentalmente de pollo y pavo, y también del conejo. Normalmente, las diferencias entre los distintos tipos de carne suele hacerse en base a la cantidad de grasa.

¿Qué carnes son más aconsejables?

Para los científicos, tanto investigadores como profesionales del sistema sanitario, la respuesta es unánime: las carnes magras. El principal estudio realizado hasta el momento en el que se estudiaron los hábitos de grupos de personas con dieta mediterránea, concluyó afirmando que el grupo de personas que había consumido menos carnes rojas, tenía menos probabilidades de sufrir problemas cardiovasculares. Los resultados de diversos estudios de rigor, en los que se ha seguido la dieta de más de medio millón de personas durante 10 años, apuntan en la misma dirección; el mayor consumo de carnes blancas garantiza una mayor calidad y esperanza de vida.

Diversos motivos por los que debemos reducir el consumo de carnes rojas:

 

  • Grasas saturadas. Las carnes rojas son más ricas en este tipo de grasas, cuyo consumo se asocia a altos niveles de colesterol, problemas cardiovasculares y algunos tipos de cáncer. Por ello, y en el caso de que consumamos carnes magras, debemos retirar toda la grasa que podamos antes de cocinarlas.
  • Sustancias perjudiciales. Los niveles de algunos compuestos perjudiciales para nuestro organismo son mayores en este tipo de carnes. Dichos compuestos se forman durante la cocción y son, entre otros; aminas heterocíclicas, compuestos nitrosos, e hidrocarburos policíclicos aromáticos.
  • Hierro. Su concentración en este elemento, necesario para el organismo, se asocia también a un mayor riesgo de problemas cardiacos.
  • Tensión arterial. Diversos autores achacan este aumento de tensión arterial a que muchas de las personas que consumen este tipo de carne no consumen otros alimentos, como frutas y verdura, que ayudan a regular la tensión arterial.

La OMS (Organización Mundial de la Salud), aconseja desplazar el consumo de carnes rojas hacia otros alimentos más saludables como pescado, hortalizas, carnes blancas o legumbres.

Entre las carnes rojas, también se presentan diferencias en cuanto a la cantidad de grasas. Así, es preferible consumir lomo o solomillo de cerdo antes que chuletas o panceta del mismo animal. En la ternera, hay menor concentración de grasas saturadas en el solomillo que en la costilla o la paletilla. El buey, por su parte, presenta menos grasas en el redondo que en la falda o el entrecot. Además de evitar el consumo de carnes rojas, los expertos coinciden en la necesidad de limitar el consumo de carnes procesadas como salchichas tipo frankfurt o bacon. Por último, señalar que en el caso del consumo de aves es conveniente retirar la piel.

Cantidad de carne recomendada

Tanto los profesionales de la nutrición, como los de la medicina, recomiendan consumir de 3 a 4 raciones semanales de carne, dando prioridad a las carnes magras sobre las rojas. Una ración se sitúa entre los 100 y los 125 gramos de peso neto. En cuanto a las carnes rojas se recomienda que su consumo se sitúa, como máximo, entre los 350 y los 500 gramos.

También debemos moderar nuestro consumo de embutidos grasos. Los que mayor concentración de grasas tienen son, entre otros; el salami, el salchichón, la chistorra, la mortadela, o la sobrasada. Y en el otro extremo, con niveles más bajos de grasas, tenemos al jamón curado y cocido, y el lomo embuchado. Además de por su contenido graso, debemos evitar los embutidos por su contenido en sal. Abusar de estos productos, puede producir un aumento del colesterol y la presión arterial, lo que, a largo plazo, puede ocasionarnos problemas cardiovasculares. Créditos-Fuente: @20minutos

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