Pasta: tipos y variedades

Pasta: tipos y variedades

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Una sencilla combinación de harina, agua y sal que ofrece infinitas posibilidades a la hora de cocinar, y que gusta prácticamente a todo el mundo. Hoy vamos a hablar de pasta: tipos y variedades. ¿Sabías que la pasta es uno de los alimentos procesados más antiguos? Aunque siempre se ha oído que la trajo de China Marco Polo en sus viajes, los historiadores consideran que fueron los etruscos quienes empezaron a utilizarla. Es, por excelencia, la comida más típicamente italiana, y son ellos, los italianos, quienes más recetas de pasta tienen.

Pasta: tipos y variedades

A grandes rasgos, podemos hacer dos grandes grupos para diferenciar la pasta: la pasta seca y la pasta fresca. Dentro de estos dos cabrían todos los demás: pasta rellena, pasta integral, pasta compuesta… Por lo general, la pasta seca está hecha con sémola de trigo duro 100%, aunque puede estar enriquecida con otros ingredientes, como huevo, verduras, setas, tinta de calamar… Al estar seca, se conserva manteniendo sus propiedades durante mucho tiempo. La pasta fresca se toma recién hecha (ya sea en casa, en el restaurante o en un obrador), y se cuece antes que la seca, pero hay que consumirla en menos de una semana.

Infinitas variedades

Además de la pasta fresca o seca, otra gran división es la que distingue entre pasta corta y larga. Larga, serían por ejemplo los espaguetis, los taglliatelle (tallarines), los mafalde (parecidos a los tallarines pero con los bordes rizados), o los linguini y spaguettini (similares a los espaguetis pero muy finos), entre muchos otros. Entre la innumerable cantidad de pastas cortas destacarían los penne y maccaroni (en España no los distinguimos y llamamos a todos macarrones), los farfalle o lacitos, los fusilli o hélices, y otros muchos.

Colores y formas

Una de las ventajas de la pasta a la hora de cocinar es que ofrece no solo infinitas preparaciones y recetas, sino también formas y colores que hacen los platos muy atractivos. Los distintos colores de la pasta se deben a ingredientes “extra” que pueden llevar en su composición, como por ejemplo el tomate o la guindilla (en la pasta roja), espinacas y otras verduras (para la verde), setas y hongos (que le dan un tono grisáceo), tinta de calamar (en la pasta negra) o remolacha (para una vistosa pasta de color entre fucsia y morado).

 

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