Monas de Pascua

Monas de Pascua

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2 h
Calorias: 448
Media
8 personas

¿Quién no ha comido alguna vez una mona de Pascua acompañada de unas onzas de chocolate o de un buen tazón de cacao? Para aquellos que nunca hayáis experimentado este placer, o para los que queréis repetir, hoy os traemos una receta que da lugar a unas monas tan tiernas que se deshacen en la boca.

Receta típica de la región de Murcia, Valencia, Cataluña, Aragón y Castellano-Manchega, es muy similiar al roscón de Pascua. Se toma principalmente, los días de pascua como merienda en el mes de Abril.

En nuestra web podéis encontrar otras masas dulces como nuestro pan de aceite, nuestros doowaps de cacao con chocolate blanco o nuestro pan casero de chocolate y dátiles.

Ingredientes para Monas de Pascua para 8 personas

  • Harina de fuerza - 579 gramos
  • Harina de espelta integral - 200 gramos
  • Azúcar de caña sin refinar - 79 gramos
  • Margarina - 79 gramos
  • Sal - 7 gramos
  • Levadura seca de panadería - 5 gramos
  • Leche - 475 gramos

Para el almíbar

  • Azúcar integral - 6 cucharadas soperas
  • Agua - suficiente

Cómo hacer la receta de Monas de Pascua

  1. En un cuenco, mezclamos los dos tipos de harina junto con el azúcar. desmenuzamos la margarina (que debe estar a temperatura ambiente) hasta formar una especie de gachas, y añadimos la leche. Mezclamos bien hasta que todos los ingredientes queden integrados. Tapamos con un trapo y dejamos reposar 25 minutos. Este reposo, que recibe el nombre de autolisis, hará que nos sea más fácil el posterior proceso de amasado. Siguiendo una técnica de amasados cortos, y reposos entre amasados, sin apenas esfuerzo tendremos lista nuestra masa.
  2. Pasado el tiempo de reposo, extendemos la masa sobre la mesa de trabajo ligeramente aceitada, distribuimos la sal  a lo largo de toda la superficie, y amasamos durante 1 minuto. Boleamos la masa (bolear significa formar una bola), para ello, seguimos los siguientes pasos: cogemos la bola de masa y la aplanamos ligeramente en forma de disco. Vamos replegando pequeñas zonas del borde de la masa hacia el centro de la misma y, una vez la tenemos en el centro, presionamos ligeramente para que se fije. Repetimos esta secuencia con distintas zonas del borde hasta que la masa quede recogida. Una vez que la tenemos recogida hacia el centro, le damos la vuelta y la hacemos girar suavemente sobre su base para que la bola coja más tensión. Una vez boleada, la metemos en el cuenco,  tapamos éste con un trapo y dejamos reposar durante 15 minutos.
  3. Pasados los 15 minutos, añadimos la levadura del mismo modo que acabamos de hacer con la sal. Amasamos 1 minuto, boleamos, metemos la masa en el cuenco, tapamos y dejamos reposar durante 15 minutos.
  4. Volcamos de nuevo la masa sobre la superficie de trabajo ligeramente aceitada. Amasamos durante 1 minuto. La masa ya debería empezar  a presentar un aspecto liso y brillante, aunque la presencia de margarina y azúcar en la misma suele retrasar el desarrollo del gluten. si nuestra masa aún presenta un aspecto granuloso, volvemos a dar otro ciclo de amasado y reposo. Si nuestra masa tiene una superficie lisa y brillante, está lista para iniciar la primera fermentación, para ello; aceitamos ligeramente las paredes del cuenco, formamos una bola con nuestra masa y la metemos dentro. Tapamos y la dejamos fermentar hasta que doble su volumen.
  5. Una vez que la masa ha doblado su tamaño, la volcamos sobre la mesa de trabajo y la dividimos en 8 porciones de 180 gramos aproximadamente. Formamos bolas con ellas, siguiendo el proceso de boleado explicado anteriormente, y las dejamos reposar sobre la mesa, tapadas con un trapo, durante 15 minutos. Este reposo hará que el gluten se relaje y nos sea más fácil el formado de los panecillos.
  6. Transcurridos los 15 minutos, formamos los panecillos. Para ello, cogemos una de las bolas y la aplanamos ligeramente en forma de disco. Doblamos la mitad superior del disco hacia el centro. Hacemos lo mismo con la mitad inferior. Doblamos los extremos también hacia el centro. Por último, volvemos a doblar la mitad superior pero esta vez la llevamos hasta solaparla con la mitad inferior del mismo modo que haríamos para cerrar una empanadilla. Sellamos bien la junta pellizcando suavemente. Ponemos el panecillo, con el cierre hacia abajo, sobre una bandeja de horno que previamente habremos cubierto con papel vegetal. Repetimos el proceso con el resto de porciones de masa. Dispondremos los panecillos en las bandejas (cuatro por bandeja), bien separados entre sí para que no se toquen durante la fermentación. Tapamos las bandejas con un trapo y encima de este ponemos una bolsa de plástico. Dejamos fermentar hasta que los panecillos doblen su tamaño.
  7. Precalentamos el horno a 230 grados.
  8. Una vez que los panecillos han doblado su tamaño, preparamos el almíbar, para ello; ponemos en un cuenco el azúcar y añadimos poco a poco agua hasta conseguir una pasta consistente,  debe quedar como un puré espeso. Con la ayuda de una brocha de silicona, u otro material alimentario, pincelamos con este almíbar la superficie de los panes justo antes de meterlos al horno.
  9. Horneamos los panecillos, primero una bandeja y luego la otra, para ello; metemos la bandeja al horno, bajamos el termostato a 190º grados y horneamos durante 30 minutos o hasta que nuestros panecillos empiecen a dorarse. Repetimos el proceso con la otro bandeja.
  10. Dejamos enfriar sobre una rejilla durante una hora.

Notas y Consejos

Las harinas del mismo cereal, y de distintas harineras, pueden presentar un comportamiento muy diferente, por ello, los tiempos de amasado son orientativos.  Los ciclos de amasado y reposo tienen como objetivo conseguir, sin apenas esfuerzo, una masa lisa y brillante, hecho que puede suceder antes de completar todos los pasos de la receta, en cuyo caso dejaremos de amasar, o, en otros casos, puede llevarnos un poco más del tiempo especificado.

Los tiempos de fermentación dependerán de la temperatura ambiente, por lo que estos variarán a lo largo del año. Es por ello que no nos gusta poner un tiempo de fermentación determinado en la receta.

La cantidad de levadura indicada en la receta es la adecuada para obtener un pan de buena calidad. Añadir mayor cantidad de levadura, con el fin de acelerar la fermentación, irá en detrimento de la calidad del pan obtenido

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